La resiliencia y la flexibilidad son competencias imprescindibles que debemos transmitir a nuestros hijos

La resiliencia y la flexibilidad son competencias imprescindibles que debemos transmitir a nuestros hijos

Nuestra compañera Sara María Ruiz Herrero, Psicóloga Sanitaria y miembro de la Unidad de Psicología Infantojuvenil, realiza un análisis de cómo afecta la crisis sanitaria al clima de convivencia familiar.

La crisis sanitaria que estamos viviendo actualmente está llevando al límite, entre otras cosas, el clima de convivencia familiar. Si de por sí es habitual vivir conflictos dentro de una familia, cuando juntamos el compartir un espacio común, las tareas del hogar, los deberes del centro escolar y el teletrabajo, podemos hacer que el sistema llegue a colapsar.

Más aún ahora que, comenzando el proceso de desconfinamiento, los progenitores vuelven (algunos) poco a poco a la actividad laboral presencial. Dado que la incertidumbre con respecto a la reincorporación a los centros escolares es mayor, la conciliación familiar se convierte en un tema vital para muchas familiar y empresas.

Si hace dos meses intentábamos sobrellevar la situación y plantear el tiempo de confinamiento como una oportunidad, no ya sólo para evitar el contagio, sino para conectar con nuestros hijos, para frenar el ritmo agotador de la vida adulta… hoy en día, la resiliencia y la flexibilidad se perfilan como competencias imprescindibles que debemos transmitir a nuestros hijos.

En psicología, la resiliencia se define como la capacidad para salir fortalecido en condiciones adversas o traumáticas, que supone una respuesta de afrontamiento eficaz de las crisis. No se puede poner en duda la importancia que esta habilidad puede tener en el presente y futuro de nuestros hijos.

Y la flexibilidad, porque a nadie se le escapa que vamos a tener que relajar nuestras expectativas con las normas y objetivos establecidos en nuestros hogares. Por ejemplo, los tiempos expuestos a pantallas o elementos tecnológicos no pueden ser los mismos si, para empezar, los niños y adolescentes tienen que realizar deberes o seguir clases de manera telemática. También tendremos que readaptar nuestros horarios y rutinas para hacer espacio a obligaciones, ocio y ejercicio.

Y por supuesto dar cabida a momentos de conexión con nuestros hijos donde poder exponer nuestras emociones, lo que sentimos con respecto a la situación. El miedo es una emoción natural y adaptativa, pues nos permite reaccionar frente amenazas externas y adoptar conductas de protección (por ejemplo, lavarnos las manos frecuentemente para evitar el contagio).  

Se ha estado animando a la población a organizar los armarios de sus hijos, limpiar la casa, ser productivos, aprender nuevas habilidades, trabajar en las habilidades matemáticas de los niños, etc., pero no es realista. Es más importante superar esto, y transmitir a nuestros hijos la capacidad de afrontar las situaciones difíciles de la vida, a tolerar la frustración.

Es hora de reajustar las expectativas. No se puede hacer todo lo que solíamos hacer como padres, como empleados, como estudiantes… la situación ha cambiado y tenemos que adaptarnos a las nuevas circunstancias. Cuidemos de nuestro bienestar tanto físico como emocional y enseñemos a los más pequeños a hacer lo mismo.

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